La libertad, un crimen penal
- Raymond Demorizi
- hace 5 días
- 3 Min. de lectura

Se llamaKiana Malek, bella, joven, comprometida. Hablo con ella en Uruguay, donde ha encontrado un refugio y una vida. Le propongo una entrevista para mi programa 'Punto Rojo' en Dnews, el canal que se emite por toda Latinoamérica, y aceptael riesgo de denunciar a un régimen que persigue a los disidentes más allá de sus fronteras.
“¿Tienes miedo?”, le pregunto, y su respuesta es como un grito: “Mi gente sufre, no es tiempo de esconderse”. Y entonces me explica sus historia, reflejo de la historia de tantas, miles, centenares de miles, millones de ellas.
Kiana tiene ahora 27 años. Cuando tenia 19 años tomó la decisión deescapar de Iránapoyada por sus padres, que prefirieron perderla a condenarla a una vida sin futuro, y el destino la llevó al sur americano, a miles de kilómetros de su patria. La primera pregunta es tan obligada, como retórica, porque a estas alturas ¡quién no conoce la respuesta!: “¿Me preguntas por qué me fui de Irán?
Me fui para salvar mi vida”. Y entonces me cuenta que no se escapaba porque sufriera un riesgo inminente, sino porque siendo mujer, joven y llena de proyectos, el riesgo de morir en Irán acecha en cada esquina. “Entiéndelo, no se trata de una simple dictadura que puede reprimirnos.Se trata de una tiranía asentada en un sistema islámico inflexible que lo prohíbe todo.
Prohibe amar, hablar, disentir, crear, opinar, dudar, respirar. Pilar, en Irán la libertad es un crimen penal, y desearla, una sentencia de muerte”.
Libertad de amar, prohibido; libertad de no creer en Dios, prohibido: libertad de vestir al propio gusto, prohibido; libertad de crear, prohibido; libertad de criticar al régimen, prohibido; libertad de tener iniciativas, de ser distinto, de opinar... “¿Por qué crees que nos enfrentamos al régimen, sabiendo que puede matarnos? Porque ya nos mata cada día, lentamente, inoculándonos el miedo, coartando nuestras esperanzas, destruyendo nuestros sueños”.
Y añade: “amo a Irán con todas mis fuerzas. Somos un gran pueblo, con una gran historia, y nos han secuestrado. Sí, Pilar, los ayatolás han secuestrado a nuestro país y lo han destruido.
Por eso luchamos, para liberarlo”.
Mientras hablamos, su móvil va recibiendo las noticias del canal de Telegram que ha conseguido burlar la prohibición de Internet. Me enseña fotos de jóvenes caídos, “mira, este chico tenía 15 años, y este..., este tenía 9 años”. Se para, una mueca de dolor, una pausa para el respeto, respira, vuelve...: “míralos, que el mundo los mire, mirarlos todos, solo querían poder vivir en Irán como seres humanos y los asesinaron”.
No se sabe cuántos han muerto porque el bloqueo informativo es férreo, pero la cifra se cuenta por miles. En un vídeo que me muestra se puede escuchar el estruendo de los disparos, tiros sin parar, uno tras otro, como ráfagas, y por debajo, los gritos, que aún se escuchan a pesar del estruendo. “¿Tienes alguien cercano entre los caídos?”, y me sonríe: “todos tenemos conocidos que han perdido hijos, hermanos, padres, mira esta mujer, era cirujana, Shaida Rostami, y Arnika, la ves, 15 años, campeona de natación, le han disparado al corazón, y este otro, hay que explicar sus historias, poner sus nombres, son tantos...”.
Respira nuevamente, me mira y, como si interpelara al mundo, me dice:“no nos olvidéis, hablad de nosotros, aislad al régimen, cerrad embajadas, explicad nuestra lucha, llorad nuestro dolor”.
Ruhollah Jomeinilideró la revolución islámica en 1979. Durante estos casi 50 años, su régimen ha sido el responsable de organizar y financiar a grupos terroristas, ha alimentado guerras, ha infiltrado a sus guardias revolucionarios en toda Sudamérica, ha ayudado a los cárteles de la droga, ha intentado una carrera nuclear, ha amenazado con destruir a otro país, y se ha convertido en el gran desestabilizador de todo Oriente Medio. En política exterior, ha sido un régimen violento, peligroso y criminal.
Pero la mayor criminalidad la ha reservado para su propia población, a la que ha reprimido, perseguido, encarcelado, torturado y asesinado.Se aguanta por el terror y está destinado a caer.La cuestión es cuánta más sangre iraní se derramará antes de la caída. “La que haga falta, porque no vamos a rendirnos”. El coraje de los persas ha sido legendario.
Ahora es heroico.
Fuente original: elperiodico.com








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